Detrás de una de las competencias más tradicionales del país hay un trabajo silencioso y sostenido que jerarquiza cada edición. Desde hace más de 15 años, Jorge Basiricó y Adriana Calvo son piezas clave en la construcción deportiva de Fiestas Mayas, acompañando a la elite y elevando el nivel de una carrera que ya es parte de la identidad del running argentino.

Hay carreras que se corren. Y hay carreras que se construyen en el tiempo. Fiestas Mayas es una de ellas. Y en esa historia, el nombre de Jorge Basiricó y Adriana Calvo aparece como una pieza clave en la consolidación de su nivel competitivo.

Se conocen en los años 80, cuando el atletismo argentino todavía era un circuito reducido, de nombres que se repetían en cada línea de largada. “Nos conocimos con Adriana a mediados de los 80 de cruzarnos en las carreras”, recuerdan Basiricó y Calvo.

El vínculo se consolidó con el tiempo, pero siempre con el atletismo como eje rector de sus vidas. Competencias, viajes, experiencias compartidas.

El punto de partida para su relación llegó en 1988, en Mar del Plata, y se confirmó con una postal cruzada entre Japón y Brasil. “Prometiéndonos ambos el envío de una postal, y al reencontrarnos nuevamente en Buenos Aires, comenzó nuestra relación”, dice Basiricó.

Desde ahí, la historia creció en paralelo al desarrollo del running en la Argentina. Adriana se destacó en el fondo, con siete títulos nacionales. Jorge, desde el mediofondo, encontró su lugar. Y más adelante, ambos confluyeron en las distancias largas, donde el atletismo empezó a transformarse también a nivel local.

A comienzos de los 90, dieron el salto hacia el entrenamiento. Si bien siguieron compitiendo, poco a poco, comenzaron a formar, a acompañar, a leer el atletismo desde otro lugar. “Ya en nuestra etapa como entrenadores, pero aún compitiendo… unimos nuestra pasión con el trabajo”, cuenta Adriana.

Ese recorrido los encontró, años después, en un momento clave: el crecimiento exponencial de las carreras de calle en Argentina. Y, en ese espacio, apareció Fiestas Mayas como un lugar en el que siempre fueron felices.

Desde 2008, junto al Club de Corredores, Basiricó y Calvo asumieron la responsabilidad de trabajar con la elite en las principales competencias del calendario. Pero en Fiestas Mayas, esa tarea adquirió otra dimensión. Porque no se trata de una carrera más: se trata de una de las pruebas más tradicionales del país, un punto de referencia para el atletismo nacional.

“El crecimiento de las carreras de calle fue exponencial, y a partir del año 2008… comenzamos a seleccionar a los atletas elite y darles el espacio y atención necesaria, para que puedan sentirse cómodos en cada evento donde trabajamos y que sus resultados jerarquicen la competencia”, sintetiza Jorge.

Para ellos, justamente dos puristas del reloj, ahí está la clave: jerarquizar. Por eso, su labor no es solo convocar nombres, sino construir condiciones. Cuidar detalles. Entender que una carrera crece cuando su nivel competitivo también lo hace.

El próximo lunes 25 de mayo, en el 50° aniversario de Fiestas Mayas, esa historia sumará un nuevo capítulo: serán 170 los eventos en los que estuvieron a cargo de la elite.

Un número que no solo habla de continuidad, sino de un trabajo sostenido que ayudó a posicionar a la carrera como un clásico.

En ese recorrido, también hay una vida en común. “Hace 37 años que estamos juntos y también trabajando a la par con un amor incondicional que nos une en todas las áreas”, afirman a dúo.

Ya retirados de la competencia desde 2012, su vínculo con el atletismo sigue intacto. Y se proyecta en Karibú, su centro de entrenamiento en Misiones, pero también en cada largada, en cada atleta, en cada carrera donde siguen aportando su mirada.

Porque Fiestas Mayas no es solo una fecha en el calendario. Es una tradición que se renueva. Y detrás de esa renovación, hay historias como la de Basiricó y Calvo: las que no siempre se ven, pero ayudan, empujan y estimulan para que todo funcione con quirúrgica precisión.