Entrenar a distancia: del plan a la relación
Tecnología, datos y vínculo: por qué cada vez más corredores eligen entrenar sin compartir la pista
Durante mucho tiempo, entrenar implicaba coincidir: mismo lugar, mismo horario, mismo grupo. Esa lógica, hoy, empezó a correrse. La tecnología no solo cambió la manera de registrar una sesión, también transformó la relación entre atleta y entrenador. Lo que antes parecía una limitación —la distancia— hoy es, en muchos casos, una puerta de entrada.
El crecimiento del entrenamiento online no responde a una moda, sino a una necesidad concreta. Hay corredores que no encuentran grupos en su zona, otros que no pueden adaptarse a horarios fijos y muchos que buscan trabajar con un entrenador específico, más allá de la geografía. En ese escenario, el entrenamiento a distancia deja de ser una alternativa para convertirse en una decisión.
“El éxito del entrenamiento a distancia creo que puede radicar en que algunas personas no tienen tantas de comprometerse a cumplir con un horario fijo dos o tres veces por semana. Le resulta más funcional para los momentos y lugares que le resulten posible”, dice Carolina Rossi, team leader del Fila Running Team y atleta federada. Y suma: “Así como hay personas a las que entrenar en grupo las empodera, hay casos en los que el corredor se siente más cómodo solo sin la necesidad de socializar”.
Pero hay un punto que no admite confusión: entrenar a distancia no es entrenar en soledad. El valor está en el seguimiento. Hoy, un entrenador puede acceder a datos precisos de cada sesión —ritmos, frecuencia cardíaca, carga, altimetría— y ajustar el plan en función de esa información. Ya no se trata de adivinar, sino de interpretar. En sintonía, Milton Niedfeld, a cargo del E.O. Milton Fila R.T., explica: “Las aplicaciones vinieron a potenciar el entrenamiento a distancia porque dan mucha información que los profesionales podemos aplicar y aprovechar para, por ejemplo, dosificar las cargas de cada uno de los corredores. Así, el atleta se puede sentir también próximo y el entrenador puede ver su evolución”.
Aun así, los números no cuentan toda la historia. Las sensaciones, las molestias, el cansancio acumulado o la motivación son variables igual de determinantes. Por eso, el vínculo sigue siendo central. El diálogo entre entrenador y corredor es lo que convierte a un plan en un proceso. Por ello, según Rossi, para que se cumpla uno de los principios del entrenamiento deportivo, esto es la participación activa y consciente del alumno, “es fundamental que el alumno/atleta opine con confianza si se sintió bien, que reporte al coach para hacer los ajustes necesarios para que la planificación le resulte útil”. En ese sentido, la comunicación sigue siendo un esencial que, sea presencial o a distancia, se mantiene como la base de todo. “La conversación es esencial porque esto genera un vínculo real que puede exceder el verse físicamente”, admite Niedfeld.
Incluso aspectos técnicos, como la economía de carrera o la postura, pueden trabajarse a distancia mediante análisis de video. Con pocos segundos de observación, un entrenador puede detectar errores, proponer correcciones y anticipar posibles lesiones. La distancia, en ese sentido, dejó de ser una barrera para la calidad. “Cuando el vínculo es a distancia, el coach puede administrar videos para que potencie su mejora y, a la vez, el mismo corredor puede enviarle a su entrenador material audiovisual para que lo corrija”, detalla Rossi.
El desafío, entonces, no es si funciona o no. Funciona. La pregunta es cómo se construye ese vínculo. Porque un entrenador no es solo quien arma un plan: también es quien acompaña, motiva y entiende a la persona detrás del rendimiento. Y ahí, incluso en un entorno digital, lo humano sigue siendo irremplazable. “El futuro del running, sin dudas, va a seguir avanzando hacia un modelo híbrido entre presencial y a distancia. Porque la parte presencial se puede ver, por ejemplo, el día de la carrera que es un espacio propicio para contactar a todo el grupo”, afirma Niedlef. “El principio de individualidad se mantiene, vengan o no al grupo de manera presencial. Online no implica bajarse un plan de una aplicación, sino de personalizar el entrenamiento en base a lo que realmente precise el atleta”, sostiene Rossi.
Como complemento, siempre que sea posible, el encuentro presencial suma. No como condición, sino como ajuste fino. Porque ver, sentir y compartir una sesión permite captar matices que a veces no aparecen en los datos. Pero incluso sin eso, algo ya quedó claro: hoy, entrenar bien no depende de estar cerca.